La mayoría de las personas se sienten atraídas por los edificios que tienen unas fachadas bonitas, y si son fuera de lo normal, aún más.
Pero, una cosa es lo que vemos en el exterior y otra es lo que no percibimos del interior del mismo.
Personalmente, deseo que el edificio respalde el trabajo a fuerza de estimular la capacidad de colaboración en entre todos sus integrantes.
Un edificio en el que su esencia, sea una idea unificadora en el que se perciba y se sienta el espíritu de comunidad, y no el del lujo.
En el que cuando entremos atrevesemos la puerta de entrada, veamos unos accesos que animen a la gente a mezclarse, agruparse y comunicarse.
Que sus integrantes sean especiales en la aceptación de que siempre vamos a tener problemas, algunos de ellos ocultos; que trabajan con determinación para sacar a relucir esos problemas, aunque les haga sentirse incómodos; y que si hay un problema, enfocar todas sus energías hacia su resolución, y no al lamento continuo.
A la hora de construir un edificio se trata de apostar por una idea sencilla: si construimos algo que a nosotros nos gustaría ver, otros también querrán verlo.
No sólo es la construcción del edificio sino crear una cultura basada en las personas, tanto en su bienestar como en su desarrollo personal.El cómo logramos crear la cultura es la piedra angular de nuestro pensamiento.
La creación de un entorno que fomente la creatividad y la resolución de problemas.Creo que el buen liderazgo puede ayudar a que las personas sean creativas en el camino para llegar a la excelencia.
Nuestra función es crear un entorno fértil, mantenerlo saludable y vigilar aquellas cosas que lo pueden debilitar.
Todas la personas tienen el potencial de ser creativas, cualquiera que sea la forma en que se adopte esa creatividad, y necesitamos crear edificios que estimulen tal desarrollo.
” Solo cuando admitimos lo que desconocemos podemos confiar en aprenderlo “.